¿Te acuerdas el día que te miraba con cara de pillina?
Que el aire al respirar me salía por las orejas del sonrojo
y respiraba por los ojos al mirarte.
Que la complicidad se hallaba en mi piel con la tuya
y mi tiempo constaba de un límite directamente proporcional al recuerdo que resulta ser ilimitado.
Mi pupila enmudecía en perplejo tan insólita como dilatada,
a causa de la necesidad de mirar cada plano de ti.
Inmutables los suspiros recatados, arraigados, alicatados, afianzados en un sinfin de palpitaciones.
Como se esfuma de rápido la buena vida,
cuánto tarda la vida en esfumar el vivo recuerdo.
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